Hugo Rafael Chávez Frías jamás tuvo buenas relaciones con la prensa, ni siquiera con la que le fue afín. No podía ser de otra manera. Un militar es educado para dar órdenes, no explicaciones. Para el mandatario, los periodistas y los medios siempre fueron algo incómodo, que le dificultaban la gobernación y, por ende, persiguió implacablemente a los medios opositores, que nunca logró controlar.
Por décadas, cerró canales de televisión, manipuló el sistema judicial para cambiar personal en emisoras de radio y, aunque privilegió de cierta manera a los medios que le eran afines, los opacó con interminables discursos de obligatoria transmisión, o llamando a los estudios cuando los noticieros estaban en el aire, para corregir a su antojo la información.
Hombre de palabra fácil, Chávez tanto desviaba una pregunta entonando una canción como insultaba a un reportero sin grandes contemplaciones. Durante su presidencia, los periodistas venezolanos vivieron un calvario, con la permanente Espada de Damocles que representó la Ley de Responsabilidad Social en Radio, TV y Medios Electrónicos, que prevé hasta la expropiación del medio de prensa si no se cumple con una serie de requisitos establecidos por el Gobierno. Una auténtica mordaza que logró que la mayoría de los medios se doblegaran y fueran más comedidos al momento de criticar a Chávez y su Gobierno. Y aunque la ley afectaba solo a la prensa nacional, la vida de los corresponsales en Venezuela no fue un baño de rosas. Los periodistas extranjeros también sufrieron las embestidas presidenciales, o de sus colaboradores más directos, sin contar los exabruptos de los seguidores callejeros del mandatario. (SIGUE)
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